Carles Granell es maestro de Educación Primaria por la Universidad de Barcelona y, desde el curso 2016-2017, jefe de estudios de la etapa en el Col·legi Sant Lluís de Barcelona. Desde 2017-2018 compagina esa tarea con la docencia de Didáctica de la Matemática en la Facultad de Educación de la UB y, desde 2023, preside la Junta Directiva de la ABEAM (Associació de Barcelona per a l’Estudi i l’Aprenentatge de les Matemàtiques). Para saber cómo integrar la calculadora en primaria de una manera didáctica, quisimos hacerle algunas preguntas.
Durante muchos años la calculadora se ha visto como una herramienta que podía dificultar el aprendizaje de las matemáticas. ¿Por qué cree que todavía existe esa percepción?
Creo que responde al concepto que, como sociedad, hemos construido sobre las matemáticas. Durante mucho tiempo hemos entendido que aprender matemáticas consistía, sobre todo, en hacer operaciones y obtener resultados correctos. Pero resolver un problema implica interpretar una situación, decidir qué estrategia seguir, comprobar si el resultado tiene sentido y comunicar el razonamiento. El cálculo es solo una parte del proceso. Ahí es donde la calculadora adquiere un papel muy interesante, porque permite agilizar determinados cálculos para que el alumnado pueda dedicar más tiempo a pensar.
¿Qué beneficios aporta la calculadora en las aulas de Primaria?
La calculadora es una herramienta muy beneficiosa a distintos niveles y utilidades. Por un lado, ayuda a dar sentido a las matemáticas cuando el cálculo es un medio para llegar a algo más interesante, no el objetivo en sí mismo. Pero también es un objetivo de aprendizaje: permite descubrir sus funciones, explorar en qué contextos utilizarla y normalizar su uso. En mi aula forma parte del material habitual, igual que las regletas o los bloques base diez.
El uso de la calculadora, bien aplicado, tiene beneficios reales en el aula ¿En qué situaciones aporta más valor?
Aparece de forma natural en muchísimos contextos. Además de realizar cálculos, la usamos para comprobar resultados, explorar estrategias o formular hipótesis. Una actividad que funciona muy bien es la «calculadora rota», donde el alumnado debe llegar a un resultado sin poder utilizar una determinada tecla.
Este tipo de propuestas fomenta la creatividad, el pensamiento divergente y la flexibilidad matemática. También resulta especialmente útil en actividades de medida, estadística, probabilidad o cuando trabajamos con fracciones, decimales y porcentajes, porque permite centrar la atención en los conceptos y no en el cálculo mecánico.
¿Qué le diría a un profesor que todavía es reticente a utilizarla o teme que sus alumnos pierdan fluidez en el cálculo?
Le preguntaría primero qué es exactamente lo que le preocupa. No se trata de que la calculadora sustituya nada, sino de decidir en qué contextos aporta valor y en cuáles conviene recurrir a otras herramientas.
Yo tampoco la utilicé cuando era alumno y no descubrí todo su potencial hasta que empecé a formarme y a conocer experiencias de otros docentes. Por eso siempre animo a los profesores a ver cómo se trabaja con ella en el aula y, sobre todo, a probarlo por sí mismos.
Hablemos de la calculadora fx-55 PLUS. ¿Qué características la hacen especialmente adecuada para Primaria?
Creo que está muy bien adaptado al currículo de Primaria, en muchos contextos. Por ejemplo, en la resolución de problemas, sentido numérico, situaciones de medida, azar y probabilidad…
En ciclo superior, la fx-55 PLUS es fantástica porque permite representar distintas representaciones del número racional (fracción, decimal, porcentaje), directamente en la pantalla, una notación muy natural para el alumnado. También despierta la curiosidad y favorece que los niños exploren e investiguen por sí mismos.
Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría transmitir al profesorado?
No me gustaría que sonara como una defensa incondicional de la calculadora, porque debe utilizarse siempre con criterio y al servicio de un objetivo de aprendizaje. Pero sí creo que parte del rechazo que todavía genera responde más al desconocimiento que a una reflexión fundamentada. La calculadora acompaña al razonamiento, favorece la exploración, ayuda a resolver problemas, reduce barreras para parte del alumnado y permite dedicar más tiempo a comprender las matemáticas.


